domingo, 9 de julio de 2017

EL VERDE CORAZÓN DEL MAR AZUL



El verde corazón del mar azul
enarbola las ondas a tu paso;
estrellas blancas alzan sus lebreles,
te acosan, ladran, prímula, despacio.

Lengua del mar que pisas, en lamento
recoge azul cristal, deshace el llanto;
rumor en verde, líquido rompiente,
redimes sus cristales con tu paso.

Espumas alzas, vértices del agua,
tú, verde niña, en mar de mis abrazos,
en plenos del cristal, en verdes dones.

Sedientas son mis voces, son mis manos.
Saltas, corres, tus ojos mismos cantan
caracolas ungidas de tus pasos.


Del libro: A la desnuda vida creciente de la nada, 1989
Todos los derechos reservados.
Jesús Cánovas Martínez


Ad astra per aspera.

miércoles, 21 de junio de 2017

AIRES DEL SUR (PRIMERA TANDA), PRESENTACIÓN EN ÁGUILAS

Presentación del libro de relatos "AIRES DEL SUR (Primera tanda) del escritor, poeta y filósofo Jesús Cánovas Martínez.
Dicha presentación fue llevada a cabo por el poeta Pedro Javier Martínez en el Aula de Cultura de Caja Murcia. Águilas 15 de junio de 2017.



Queridos amigos: Vaya mi agradecimiento por delante a la familia en pleno Martínez Albentosa, con los cuales, y junto a los cuales, siempre me he sentido querido y arropado. Pedro Javier, escritor, e ilustren varón de conocimientos acendrados, tuvo la deferencia de presentar estos mis “Aires del sur (primera tanda)” de un modo magistral, como en él es costumbre; Josefita, ante cuyo despertar literario estoy muy atento, ofició de anfitriona con una delicadeza en el detalle que diría digna de encomio si en ella no fuese tan habitual. Estuvieron Pedro Javier junior, actor, buscador infatigable de la verdad, entregado a la causa de los pobres; Víctor, naturópata, cuyas manos desean tanto curar el alma como el cuerpo; José Antonio, músico y actor, mandó un aire de frescura; Alejandro… Alejandro, qué voy a decir de Alejandro, si su nombre ya posee la magnificencia: a él debo la portada del libro y él es realizador del vídeo que se engarza al final del post. Sara puso una nota de simpatía, un toque amable de sonrisas. Reencontré, después de tantos años, a Lucas Mengual, con quien tantos “rituales” en pos del conocimiento realicé en un tiempo no demasiado lejano; a él le debo mucho más de lo que su humildad pueda reconocer. Mohamed, pintor, al final del acto se me presentó para ofrecerme ayuda. Y hubieron otros, presentes e impresentes, cuyos nombres omito porque me son desconocidos. No soy hombre que olvida los detalles que se tienen con mi familia o conmigo, por lo que dar las gracias a todos ellos sencillamente me sabe a poco. Anotados en mi cartera de la gratitud, cerca de mi corazón, quedan los rótulos que los designan; tras sus rótulos, están ellos.


Reproduzco a continuación la presentación de Pedro Javier Martínez, y seguidamente el vídeo de Alejandro Martínez, el cual recoge casi la totalidad del acto:



Es un honor para mí, por ser su amigo y compañero en estas maravillosas cuitas del escribir, presentaros esta tarde el último hijo literario de este hombre que todos conocéis porque vivió muchos años entre nosotros, impartiendo Filosofía en el Instituto Rey Carlos III de nuestra ciudad.
            Como sabréis muchos de vosotros, a mi amigo Jesús le gusta sobremanera transitar por esos mundos semiocultos, sobre todo para la mayoría de mortales, del esoterismo. Las Ciencias Ocultas en general siempre han tenido una presencia indiscutible en muchos de sus escritos. La astralidad, numerología, mediumnidad, telepatía, demonología y tantas y tantas otras paraciencias las tiene mi amigo más que trilladas. De todo esto y de más tratan los 12 relatos que hoy nos presenta Jesús y que nos llegan recopilados en un hermoso libro publicado por la Editorial Diego Marín de nuestra capital y que su autor ha intitulado sabiamente "Aires del Sur (Primera tanda)”, porque sin duda piensa que en un tiempo no muy lejano nos deleitará con nuevas entregas.
            Jesús ya nos confirmó que era maestro también, además de en Filosofía, en ese inconmensurable tema de la espiritualidad, al cual yo me he apuntado en muchas ocasiones, según dejó demostrado y con creces en su última novela publicada hace unos meses por la Editora Regional, "El quinto camino", un tanto o un mucho autobiográfica, según me pareció. En sus páginas, y con un vocabulario importante y erudito, nos habla de la lucha de la pareja por alcanzar, mediante un amor sublimado, la transformación interna del "Andrógino Divino", que viene a ser como la más alta realización del ser humano.
            Dicho esto y regresando a lo que hoy nos ocupa, quiero volver a deciros que la pluma de Jesús posee el gran tesoro de un vocabulario millonario, refinado, culto y así se patentiza en este haz de magníficos relatos que, sin duda, han de hacer la delicia de cualquier lector. Unos relatos que nos han hecho pensar sobre las distintas e importantes cuestiones que propone el autor; pero he de deciros también que ninguna de las historias que aparecen en "Aires del Sur" se ha escapado del picante aderezo de la fina ironía de su autor, a veces muy áspera, pero que en ningún momento nos han dejado viudos de una buena sonrisa.
            El libro comienza con una narración de temática muy fuerte y que sin duda se dio con bastante frecuencia en los tiempos oscuros de la España profunda. Aunque su autor imprime al argumento de "El hostal de La Cabra" una buena dosis de su consabida ironía, no deja impasible al lector descubrir que su joven protagonista logra alcanzar el conocimiento de sus primeras escaramuzas sexuales con el favor de su propia madre.
            Por otro lado, ha acaparado especialmente mi atención la narración titulada "Cien páginas", porque conozco de sobra el desmesurado amor que mi amigo siente por los libros y que le viene desde su primera juventud. El protagonista del cuento, un joven con una economía bastante lamentable, se abandona en ocasiones a la tentación de hacer desaparecer de los estantes de las librerías que visita con asiduidad algún que otro ejemplar que llame su atención de lector impenitente.
            En "Por mal comportamiento", el autor plantea el más conocido problema que suele darse en una separación matrimonial con hijo, al que los cónyuges no dudan en manipular intentando llevárselo a su terreno.
            Bueno, y como no es el caso de que os vaya destripando aquí los distintos argumentos, sino de que los descubráis vosotros en propia lectura, cedo en este instante la palabra a su padre, que es quien más sabe sobre su propia obra.
            Amigo Jesús, aquí te hago entrega de los trastos, como muy bien se diría en la jerga taurina, termina tú esta presentación. Pero antes de eso, quiero que sepas que mi mayor deseo es que este barquito que hoy botamos en el proceloso mar de la Cultura, tenga una larga y feliz singladura. 

                                                           Pedro Javier Martínez Martínez

Pincha aquí:

https://youtu.be/FT-hHrLQg2E

Ad astra per aspera

lunes, 5 de junio de 2017

REPORTAJE GRÁFICO Y PRESENTACIÓN DE “LA GRANJA DE LAURITA” Y “LA CHARCA DE LA GRANJA DE LAURITA”

REPORTAJE GRÁFICO Y PRESENTACIÓN DE “LA GRANJA DE LAURITA” Y “LA CHARCA DE LA GRANJA DE LAURITA”
La autora con sus nietas Laurita y Patri




La autora con el servidor




Una panotámica. Primera fila, de izqu. a dech: Madaleni Campuzano, Amelia Alberola, Mª Luisa Gil, Diana Escribano, Paco giménez Gracia y Mati Morata. Segunda fila:Rocío Campuzano, Miguelito, Patri, Asunción Campuzano, Laura Campuzano, Laurita y Antonio Moreno. Tercera fila: Mª José Martínez, Rita y Alfonso. Cuarta fila: Antonio Campuzano, Rafael Carles, Mª Piedad Ayala, Mª José Escudero y Azucena.

Magdaleni leyendo

Laura leyendo

Patri leyendo





Momento de los aplausos. Josefa al lado de Mati. Al fondo:aplaudiendo, María. Detrás: José Manuel Vidal y Francisco Martínez Hidalgo. 













Tres guapas ilustradoras: Magdalena, Diana Escribano y Amelia Alberola











Los pasados 29 de mayo y 2 de junio del presente se llevaron a cabo sendas presentaciones en las librerías EXPO-LIBRO de Murcia y la MONTAÑA MÁGICA de Cartagena de “LA GRANJA DE LAURITA” y “LA CHARCA DE LA GRANJA DE LAURITA” (poemarios para niños), Murcia, Diego Marín editor, 2017, de Mª MAGDALENA CÁNOVAS MARTÍNEZ, e ilustrados, respectivamente, por la misma autora, el primero; el segundo, por AMELIA ALBEROLA PLANELLES, a quien corresponde también la ilustración de la portada.
 Hay actos que dejan buen sabor de boca, sea por la asistencia de público,  sea por el agradable clima que los envuelve o sea por la repuesta y participación de la concurrencia. Este fue el caso de ambas presentaciones en las que tuve el honor de oficiar de maestro de ceremonias.
En esos dos espacios sagrados de las mencionadas librerías, en grata compañía por los numerosos libros, se acercaron familiares, amigos, pero, sobre todo niños, que dieron a los actos un valor inestimable. Asimismo se leyeron poemas y hubo gran participación en el turno de preguntas. Por razones obvias no puedo reproducir aquí la totalidad de los poemas leídos ni la riqueza de los cambios de impresiones que hubo.
Y, dicho esto, traigo aquí algo de lo que dije conjuntamente a algunos poemas de los libros:
Diré de mi hermana que siempre me ha sorprendido su enorme vitalidad, la capacidad para hacer cosas, llevar varios frentes abiertos y concluir con éxito cualquier empresa acometida. La plasmación de estos dos libros en uno supone la coronación de uno de sus empeños.
De su carácter resaltaré su inteligencia, la capacidad de hacer amigos y su bondad, quizá por contraste con el servidor.
Los hermanos o hermanas mayores son referencia para los que vamos detrás, así ha sido en mi caso, y me siento agradecido por ello. Referente al primer rasgo de su carácter que quiero señalar, recuerdo a mi hermana con una inteligencia despierta y brillante, tanto, y valga la anécdota, que con un simple repaso de los apuntes la noche anterior a un examen era capaz, al día siguiente, de sacar un diez; y no sólo un diez en la eventualidad de un examen, sino una colección de dieces en todos los exámenes, tal y como mostraban sus boletines de calificaciones; el servidor, tras arduos esfuerzos y tardes y tardes de estudio, lograba a lo sumo algún notable.
Esa capacidad intelectual ha ido pareja a la inquietud por las manifestaciones artísticas. Desde siempre ha dibujado muy bien y pintado con una seguridad en el trazo y un sentido del cromatismo especial, vivo, como muestran algunos de los dibujos del libro debidos a su mano. Dicha facilidad de creación también la traslado a los trabajos artesanos, muestra de los cuales son las piedras pintadas a mano con que ahora nos obsequia, muñequitos, belenes o diversas composiciones de distinta índole. Estos productos los suele regalar, aunque yo le digo, y le insisto, que en verano debería poner una manta para venderlos, pero no me hace caso. También resalto su facilidad para la composición literaria —narrativa o poesía—; en el caso que nos ocupa, los versos que vienen a plasmarse en estos dos libros que presentamos, y en otros que guardan los cajones de su casa e irán saliendo a la luz. El servidor en cuanto a capacidades pictóricas y artesanas es nulo, y, en lo que se refiere a manifestaciones literarias, a duras penas, con  trabajo y tesón, ha sacado algunas publicaciones a flote.
Y resaltaré lo buena gente que es Magdalena, la facilidad que tiene para sentir empatía o epatar con los demás, hasta el punto de que no hay ambiente al que vaya en el que no haga amigos. A Magdalena le gusta la gente, comunicar con todo el mundo, ayudar, estar ahí, se desvive por lo demás, y esto redunda en una cosecha de amigos que la acompañan y cuentan con ella; así Magdalena es persona que se hace imprescindible en las fiestas, y sin ella, como diríamos, el cotarro no se anima, le faltaría algo a los saraos, la chispa. El contraste con el servidor en este punto es mayor que en los anteriores, y si el servidor se jacta de tener algún amigo, estos son pocos, y cierto es que cuando pasea por los eriales de su vida y da ciertas patadas a las piedras que encuentra, lo que suele salir de debajo son varios escorpiones y alguna tarántula. Pero lo contrario sucede con Magdalena: la vida le da flores de amistad.
A pesar de estas diferencias caracteriológicas tengo que decir que los hermanos nos llevamos bien, y diría que muy bien, a pesar incluso de que mi hermana me hace notar algunas veces la mala sombra que tengo, aunque añado inmediatamente que siempre es con discreción, tacto y buen tino.
Mª Magdalena es Acuario, yo Escorpión; para aquel que tenga algún conocimiento de Astrología sabrá que son dos signos en cuadratura y, por lo tanto, casan regular. Aun así nos queremos. Por mi parte tengo que decir, y para terminar de confesarlo todo, que gran parte de mi cariño hacia ella se debe a que de pequeño logré sobrevivir a sus cuidados, y admirablemente salí vivo las veces que estampó el carricoche por las ramblas de Zurgena, localidad del Almanzora, donde el servidor, ignorando el peligro, iba contento. Y dicho esto, tengo que repetirlo, como hermana mayor ha constituido una referencia para mí, me he sentido siempre querido y cuidado por ella, incluso de mayor y ya barbado; a esto añado mi gran admiración por las dotes que ella tiene y yo no tengo, de las que he nombrado quizá demasiado pocas. Para otra ocasión dejo su perspicacia y su sentido de la ironía.
Los vientos de la vida para Magdalena demasiadas veces han soplado fuertes y de cara, aun así ha tenido el coraje suficiente para enfrentarlos y no dejarse abatir por ellos. Puedo decir con conocimiento de causa que mi hermana es una luchadora nata. A pesar de muchos pesares y situaciones difíciles, en los que no me voy a detener, hoy en día, conseguidas con gran tesón, posee dos licenciaturas. Una en Filosofía Pura por la UNED; otra, por el ITM OFM (Instituto teológico de Murcia Orden de Frailes Menores) Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Antonianum de Roma. Asimismo posee un Máster en Teología por la Universidad de Murcia. Ha sido profesora de Filosofía hasta el 2015, y actualmente es profesora asistente en el Instituto Teológico de Murcia  OFM. Las disciplinas filosóficas que le han cautivado y en las que, consiguientemente, se ha especializado, han sido Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia.
En razón de esta inquietud, tutelada por el profesor Wenceslao J. González, profesor de Filosofía de la ciencia y Metodología en la Universidad de Murcia, y actualmente Catedrático de Lógica y  Filosofía de la Ciencia en la Universidad de La Coruña, ha publicado una serie de recensiones de libros, de las cuales destacaré:
“W. J. (ed), Acción e Historia. El objeto de la Historia y la Teoría de la Acción”, Publicaciones Universidad de La Coruña, (1996), que aparece en la Diálogo Filosófico nº 40. Revista de Filosofía, Madrid, pp. 99-102, (enero-abril 1998)
“W. José. González: Racionalidad, historicidad y predicción en Herbert A. Simon,” en Energeia. Revista Internacional de Filosofía y Epistemología de las Ciencias Económicas (Argentina), v. 3, n. 1-2, (2004), pp 212-218.
“Las Ciencias de la Complejidad: Vertiente dinámica de las Ciencias de Diseño y sobriedad de factores,” en Boletín de la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia en España, v. 58, (diciembre de 2013), pp. 26-27.
Reseña esta última que repite en CARTHAGINESIA, Revista de Estudios e Investigación, Instituto Teológico de Murcia OFM.    ISSN: 021-4381, Carthaginesia XXX Nº 57, pp. 266-268. (2014)
En 2015 publica en la editorial Tres Fronteras, (colección cuentos en la nube), Consejería de Educación, Cultura y Universidades de Murcia, “La Charca De La Granja de Laurita”, su primer poemario infantil.
 En 2017, baja este libro de la nube y lo publica junto a “La Granja de Laurita”, edición magníficamente auspiciada por Diego Marín, librero y editor. De este última publicación, pues, es del que a continuación diré algo, siquiera unas pinceladas.
Añadir leyenda

Mati Morata en plena lectura

La autora con José Manuel Vidal.

Laurita leyendo



Conchita García-Bayonas Blánquez leyendo. La niña que está esquinada es Claudia.

 Antes, sin embargo, he de decir que el mundo infantil no le ha sido ajeno, ni lo es, a Magdalena. Hermana mayor de dos energúmenos; mi hermano José, el menor, hiperactivo y travieso, y el servidor, el de en medio, de nervio paralizado —antítesis y juego de contrarios—, pronto, a los quince años, y hasta los veinte, tuvo que dar clase en un colegio de párvulos. Y, a los veinte, al casarse con Antonio Campuzano, a quien dedica uno de estos libros —supongo que nos explicará las razones que le han llevado a ello—, se sucedieron los hijos en número de cuatro: Mada, Rocío, Lauri y Antonio, mi ahijado, conocido como El Crío. Y no quedó ahí la cosa, porque vinieron los nietos: Laurita, Patri, Miguelico y Rociíto, hasta el momento. Magdalena, aplicada a la docencia, ha recorrido hasta hace bien poco numerosos institutos de la Región de Murcia dando clases de Filosofía a adolescentes como los de ahora, un tanto aniñados, por decir algo benévolo.
He de decir también otra cosa: estos libros, La granja de Laurita y La charca de la granja, son los dos primeros de una trilogía, pues en una futura entrega se les añadirá Las fábulas de la granja de Laurita. Después ya veremos, sé que hay por ahí otros escritos que piden ser publicados.
Lo primero que llama la atención es que la Granja es de Laurita. ¿Quién es Laurita, podemos preguntar? Laurita es una preciosa niña de ojos verdes que, siendo muy inteligente y muy espigada, tiene por particularidad un inmenso amor a la naturaleza; por eso mismo, Laurita, primera nieta de Magdalena, es el paradigma de todo niño que siente ese mismo amor. Así, son ecológicos los poemas que componen estos libros, inmensos como la misma naturaleza, sencillos a la vez que profundos porque hablan al corazón. El primero de ellos dice:

La Granja

En el fondo del fértil valle,
y muy bonita,
se encontraba la granja
de Laurita.

Dos hileras de cipreses
rozando el cielo,
señalaban el camino
con mucho celo.

Al final de la hilera,
una casita,
rodeada de moreras
y margaritas.

Tres grandiosas higueras
a su derecha,
y una esbelta palmera
a la izquierda.

Enfrente del porche,
un paraíso
meciendo sus ramas
llenas de nidos.

Hablan al corazón de todo niño, y de todo adulto que sigue siendo un niño. Porque se es un niño a los ocho, diez o doce años, pero lo cierto es que la edad no es condición privativa para mantenerse en dicho estado. La ternura que habita a Platero, por ejemplo, la peluda y grandota mascota que inmortalizó Juan Ramón Jiménez, llega tanto al niño como al adulto. Y el adulto llora con el niño y se enternece, y esto es porque el niño vive en el adulto, y juega, y sonríe, y descubre el mundo como el niño que nunca ha dejado de ser.
Por esto mismo, escribir para niños, y añadiría, saber escribir para niños, como es el caso de Magdalena, es un don. Porque cuando se escribe para ellos, aquel que escribe, o aquel que lee estos escritos, se vuelve niño también, y al recuperar ese niño interior —que no es otro sino el padre del adulto—, se recupera con él la inocencia y la belleza del mundo, lo prístino y radiante. Nada es imposible entonces —sea que los animales hablen o que entre ellos mantengan relaciones de afecto—, porque el mundo del niño, en principio, al no conocer límites, es infinito. Para él, para el niño, no existen límites que constriñan la vida, y su imaginación puede volar y conformar  la maravilla donde todo es nuevo y, por descontado, verdadero.
Tengo que confesar que, al leer estos libros, tanto La Granja como La Charca de Laurita, me he vuelto niño durante unos instantes y he experimentado cómo entraba en mis pulmones ese hálito de ternura e inocencia que portan sus poemas. Y auguro a todo el que se interne por ellos la misma experiencia.
La Granja, como posteriormente la Charca, muestran universos dinámicos. Conforme nos vamos adentrando por sus vericuetos, vamos viendo cómo la vida se agita y cómo múltiples animalitos —grandes o pequeños— despliegan su sencilla belleza. Poco a poco se nos descubren fascinantes hábitats, dos ecosistemas vivos donde nada ni nadie es prescindible.
Los animalitos hablan entre sí, y nos hablan, y entre ellos se establecen complejas relaciones de emoción y afecto. Viven en feliz armonía, y cada cual cumple con la función a la que la naturaleza lo ha predestinado. De esta forma, tan natural como sencilla, sus humildes vidas nos acercarán la ternura; esa ternura, universal y básica, que habita, repito, el corazón de todo niño.

La autora con Diana Escribano.


La autora con Amelia Alberola.

La autora con Rita y Alfonso.

La autora con Mª Luisa Gil.

La autora con Conchita García- Bayonas y Pepe Ortiz.


La autora nos presenta un mundo cercano donde el amor, esa ternura, estalla en gozo; debido a lo cual, los animalitos, grandes de la Granja o pequeños de la Charca, son presentados con suma gracilidad. Es curioso constatar cómo la mayoría de ellos tienen un nombre —y diría que algunos llevan nombres muy familiares— que los identifica y define. En La Granja encontraremos los perros Sombra y Duque.

Sombra, el perro vagabundo.

Es un perrito pequeño,
de color sombra claro
que apareció en la granja
un buen día de verano.

Se fue al abrevadero,
se comió lo de los gatos
y luego, con mucho esmero,
corrió tras de los patos.

Cuando estuvo muy cansado
después de corretear,
a la sombra del olivo
se tumbó a descansar.

Cuando me vio el perrito,
corrió hacia mí veloz,
haciendo mil piruetas
y saltando a mi alrededor.

 Encontraremos a las gatitas Mamá Luna y Brigitte,  y a los gatos Pegote y Tontón. Y, junto a ellos, el gallo Perico que A las seis de la mañana/corre presto a cantar/y a dar los buenos días/a todito el personal. Las gallinas Paulina y Valentina, sin embargo, preferirán el cacareo, pues Juntas van a cacarear/y a contarse las intrigas/que se dan en el corral.
El pollito Miguelito y la cabrita Blanquita, díscola y coqueta, por el contrario, prefieren la aventura. Juegos más caseros son los del cerdito Sebastián, y para amores imposibles los de la vaca Maravillas, hermana de la serena Violante, que anda, tonta y locuela, enamorada del borrico Carabante.

La vaca Maravillas

Es hermana de Violante,
es una vaca muy rara,
porque está enamorada
del borrico Carabante.

Como un alma en pena,
va recorriendo el prado,
buscando a su enamorado
que se esconde tras la avena.

Cuando ve a su amado
muge y muge, incesante,
y el borrico espantado
sale corriendo al instante.

Abanica sus pestañas,
mueve con gracia la cola,
emplea todas sus mañas
pero se queda muy sola.

Rocío aleccionando a sus retoños, Miguelito y Roccíto, antes de la presentación bajo la severa mirada de Rafael Carles.

La autora junto a Mati y las niñas Laurita y Patri. 

La autora flanqueada por Rafa y Antonio Campuzano, su esposo.

El servidor felicitando a la autora.



Mª José, la novia del servidor, intentando abrazar a la autora.

A mi modo de ver, un ecosistema más vivo que el de La Granja, quizá por lo menudo, es el de La Charca. La circundan juncos y cañas, nogales, robles viejos, y más allá una pradera llena de flores, y de la multiplicidad de animalitos de diferentes especies que la habitan, la autora, con diestro toque, perfila sus personalidades... Tula, se llama la tortuga mora; la lombriz, Encarnita; la rana, Mariana, y el más pequeño de sus hermanos, el renacuajo Miguel. Bienvenido es el gorrión, y el grillo tiene por nombre Paquito, aunque lo llaman Pepito.  

Tula, la tortuga mora.

La tortuga mora Tula
lleva su casita a cuestas,
le gustan mucho las flores,
se las toma de merienda.

Tula tiene un amiguito
con casita como ella,
es el caracol Juanito,
con él juega a las carreras.

Juanito es pequeñito,
y cuando se oculta el sol,
sacando sus cuernecillos
la mira con mucho amor.

Tula le dice a Juanito:
“sube a mi caparazón,
hace un día muy bonito
y correremos un montón”.


Aunque en La Charca vive Pedrito, un mosquito/pequeñito y cabezón, o una mantis religiosa que se arrodilla y te abraza, o está Tecla, la araña de jardín que tejía y tejía/encajes de hilo fino/a los que el suave rocío/lentejuelas añadía, propiamente no hay riñas entre ellos, no hay disputas, pues cada cual cumple con la función a la que la naturaleza lo ha predestinado, y despliega la belleza que le es propia: El cisne, su majestad  y esplendor; las fochas, su humildad menuda; los patos, su celeste vuelo en punta de flecha. Todos ellos mantendrán complejas relaciones de amistad y armonía. Aun así, en la Charca también cabrá la sorpresa: En el humedal oscuro,/de pronto surge/una nube de estrellas/entre los juncos, dice la autora de Las luciérnagas, poema que a mí me gusta especialmente:

Las Luciérnagas.


Por la noche la charca
cobraba vida,
con el croar de las ranas
y las ardillas.

En el humedal oscuro,
de pronto surge
una nube de estrellas
entre los juncos.

Al son de la música
bailan con ritmo,
son las luciérnagas
que han salido.

La procesión mágica
revolotea
entre los robles viejos
de la ladera.

Se hace el silencio,
todos suspiran,
alzan la vista al cielo
embelesados.

Nuevamente la noche
se ha iluminado.

Pero la máxima sorpresa acontecerá cuando el gusanito Tito, tras hacerse un trajecito en una ramita, renazca en forma de mariposa:

“¿Dónde está nuestro amiguito?”,
preguntó a la mariposa.
Ella contestó airosa:
“Soy yo, Tito, el gusanito.”
En la Montaña Mágica de Cartagena
Panorámica: Primera fila, Ana en medio de Miguelico y Mada. De pie El Crio, Manolo Estevez, Miguel Campoy y Antonio Campuzano.

Vicente Velasco Montoya, oficiando.

La autora con Mª Ángeles Salgado.

La Patri.

Son fascinantes mundos, ecosistemas vivos. Su pequeña dueña, Laurita, irá aprendiendo de ellos, irá queriéndolos, y de esta forma se cumplirá la intención de la autora al escribir los libros: “Se trata de que los niños, a la vez que conocen los animales y su actividad en la naturaleza, aprendan a relacionarse con el medio ambiente, no sólo desde la perspectiva del hombre frente al medio, sino desde el punto de vista de la pertenencia de la pertenencia a un ecosistema donde todos estamos relacionados y tenemos una actuación propia.”
Dicho esto añade la autora:
“Este respeto por los animales y su medio se hace desde la sensibilidad de la poesía que nos acerca al maravilloso medio natural que nos rodea, muchas veces ignorado y otras tantas infravalorado.”
Al disfrute que encontraremos en la lectura de La Granja y La Charca de Laurita, se añade y superpone su gran valor didáctico, hasta el punto de que dicho valor convierte a los libros en sumamente idóneos para trabajar con ellos en la escuela y, de esta forma, despertar o acrecentar en el alma infantil el conocimiento y amor por la naturaleza.
Cada poema tiene su correspondiente ilustración, llena de colorido y expresividad. Estas ilustraciones se deben al trabajo al alimón, tanto de la autora, Magdalena Cánovas, como de Amelia Alberola que ilustran, respectivamente, La Granja y La Charca.  Queda aumentada así, con tan bellas ilustraciones de enorme fuerza visual, la emoción de los poemas.
Se me cuelan otra vez las tres guapas ilustradoras: Mada, Diana y Amelia.

Portada del libro causante de este reportaje.

Algunas de las preguntas que incitaron al diálogo fueron las siguientes:

1.    ¿Cómo es que una experta en Lógica y Epistemología escribe libros de poemas para niños? Y, al hilo, ¿cómo una profesora de Matemáticas, caso de Amelia Alberola, a la vez es una diseñadora gráfica? Quedo sorprendido, ¿qué tipo de rebelión o bipolaridad es ésta?
2.    Ante este mundo de racionalidad tan técnica, donde parece que sólo se valora los intereses que atañen a la razón instrumental, como así parece que se deduce de los planes de enseñanza maquinados por los políticos, ¿tenemos la batalla perdida los que aún pensamos que otro mundo es posible?
3.    ¿Por qué le has inferido a los libros ese valor ecológico como fundamental? ¿Tan maltratada por nosotros está hoy la naturaleza que necesitamos rescatarla de nuestros desmanes con urgencia?
4.    ¿Qué es un niño?, ¿cómo te acercas a ellos? Veo que junto a la dedicatoria a Laurita, también hay otra a tu marido Antonio Campuzano, lo que me lleva a preguntarte: ¿confirma tal eventualidad que los adultos seguimos siendo niños o me he equivocado en dicha apreciación?
5.    Hablando de niños, ¿cómo esos menudos lectores han recibido el libro?

      La presentación corrió a cargo de Jesús Cánovas Martínez,
hermano de Mª Magdalena.


 Ad astra per aspera